martes, 14 de junio de 2016

#DontPrayForOrlando y #StandswithOrlando‬


«La retórica nacionalista sobre la homosexualidad promete darle a la Nación eso que es insaciable: La identidad” (Dudink)


Los hechos ocurridos en Orlando en la discoteca gay “Pulse” han despertado a través del mundo una lluvia de artículos, opiniones y posiciones políticas que han dejado al descubierto la instrumentalización de la lucha de las minorías sexuales con fines politiqueros.
La posición que se intenta vislumbrar en este pequeño escrito no es otra cosa que la relación estrecha que existe entre nacionalismo y sexualidad, entendida esta última como un dispositivo fundamental en la construcción y conducción de nacionalismos que se albergan y que se alimentan en las democracias contemporáneas. 
La homosexualidad históricamente había sido condenada y se consideraba al margen de la participación política, del estado/nación, ya que al haber sido cosiderada una sexualidad desviante (enfermedad) no podía ser vinculada en los proyectos para la construcción de una gran comunidad nacional; es así como tenemos en el registro histórico a cientos de miles de homosexuales víctimas durante la Segunda Guerra Mundial durante el periodo sangriento y nacionalista que vivió Europa en el siglo pasado.
La situación hoy en día ha cambiado en lo que denominamos “el mundo occidental” ya que detrás de la construcción de los Estados/ naciones está el trabajo por garantizar las libertades individuales llámense estas sexuales, religiosas, culturales, etc. Por ende, la homosexualidad ya no se encuentra excluida ya que a partir de los discursos de género y de la participación política de las minorías sexuales (LGBTI) se han logrado reivindicaciones legales y sociales. Además, se han logrado vincular políticas estatales para garantizar la igualdad y la protección de los derechos de las personas sexualmente diversas. Es así como se han establecido nuevas perspectivas en la construcción de la nación y se han delimitado sus fronteras.
En el caso de los Estados Unidos y Europa la consecuencia de una mirada "libre" y "progresista"de  la homosexualidad se ha convertido a su vez en un elemento que marca la diferencia en profundidad entre la "comunidad nacional" y las personas inmigrantes o de orígenes musulmanes. Esto sirve a la vez como prueba de la imposible e indeseada naturaleza del multiculturalismo que los nacionalistas sexuales buscan desacreditar y reemplazar en la sociedad como lo anota Dudink en su artículo "Los nacionalistas sexuales". Esto ha generado una irreconciliable postura con respecto a la homosexualidad, desde lo “religioso” y lo “cultural”.
 Una de las consecuencias ha sido que las agendas nacionales y políticas de algunos estados cuentan con este discurso para encaminar sus fines políticos, económicos, tecnológicos y militares en la expansión de lo que llamamos la cultura occidental. Los hechos de Orlando han sido instrumentalizados en los escenarios políticos y mediáticos, han sido utilizados en un discurso antiterrorista en miras de las elecciones que se llevarán a cabo en los Estados Unidos o la guerra que se libra contra ISIS por los países occidentales. Un sin número de personajes del mundo político no han pronunciado la palabra homofobia, sino que han empleado todo tipo de elementos lingüísticos para ocultar que detrás de esos crímenes había un móvil de odio hacia las personas sexualmente diversas. La no compatibilidad entre islamismo radical y homosexualidad es un móvil político que ha sabido ser aprovechado por los diferentes actores de este conflicto (ISIS y Occidente) es así como se ha instrumentalizado este hecho que afecta directamente a las minorías sexuales. 

A esto puede denominársele  “homonacionalismo un término que fue originalmente propuesto por la investigadora en estudios de género Jasbir K. Puar para referirse a los procesos por los que ciertos poderes se alinean con las reivindicaciones del colectivo LGBTI con el fin de justificar posiciones racistas y xenófobas, especialmente en contra del Islam, respaldándolas sobre los prejuicios de que las personas migrantes han de ser forzosamente homófobas y de que la sociedad occidental es completamente igualitaria. De esta forma, se hace uso de la diversidad sexual y los derechos LGBT para sostener posturas en contra de la inmigración, siendo cada vez más común entre partidos de ultraderecha”. (Puar, Jasbir K. 2007).

Finalmente, esta pequeña reflexión puede hacernos interrogar por nuestra actitud a través de los medios de comunicación (Facebook, twitter, blogs etc) para evitar las amalgamas con respecto a los musulmanes, a los americanos con orígenes medio orientales, o al Islam. Esto debe conducirnos a reflexionar sobre los homosexuales en otras sociedades (Siria, Afganistán, Irak, etc) o en nuestro propio contexto donde amenazan, desaparecen o asesinan  de eso deberíamos hablar también.
¡Parémonos por Orlando y el resto de víctimas LGBTI en el mundo!
                                                    
                                                                                                            Monsieur Corbatín 

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